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Guadalupe Rojas Molina cierra 40 años de servicio en el Centro de Salud de Cananea
Escrito por: Krissia Duarte
Cananea, Sonora, 30 de septiembre de 2026.- Hay despedidas que marcan el final de un trabajo, pero también hay algunas que representan el cierre de un capítulo entero de vida. Así fue para Guadalupe Rojas Molina, quien después de 40 años de servicio dijo adiós a su vida laboral en el Centro de Salud de Cananea, dejando atrás décadas de entrega, aprendizaje y, sobre todo, historias compartidas con las mujeres de esta comunidad.
Rodeada de compañeras, familiares y personas que a lo largo de los años fueron testigos de su trayectoria, Guadalupe recibió un homenaje por una vida dedicada al servicio de la salud. Entre abrazos, aplausos y palabras de cariño, se despidió de una etapa que comenzó hace cuatro décadas y que terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su historia personal.
Su hija, Rene Sainz Rojas, recordó durante la ceremonia los años de trabajo y compromiso de su madre, quien se ganó un lugar especial entre las pacientes por su labor en la realización del estudio de Papanicolaou.
Más allá del procedimiento médico, Guadalupe supo ofrecer algo que muchas veces resulta igual de importante, confianza. Su paciencia, cercanía y empatía ayudaron a que numerosas mujeres enfrentaran con mayor tranquilidad un estudio que podía provocar temor, nervios o vergüenza.
Su historia en el servicio de salud comenzó hace 40 años en el área de enfermería. Durante sus primeros años trabajó en el ejido Zaragoza y, posteriormente, asumió el cargo de Supervisora de Auxiliares de Salud, una responsabilidad que la llevó a recorrer distintas comunidades rurales para brindar atención, orientación y acompañamiento.
Con el paso del tiempo se incorporó al área de detecciones, donde desarrolló una parte importante de su trayectoria y encontró una de las labores que marcarían su vida profesional: estar cerca de las mujeres, orientarlas y acompañarlas en el cuidado de su salud.
Quienes compartieron con ella estos años reconocen que su trabajo fue mucho más allá de cumplir con una función. En cada atención dejó una palabra, una explicación, un consejo o simplemente la tranquilidad de sentirse escuchada.
Durante el homenaje, su nieta, Fernanda Sainz, también quiso ser parte de este momento y le entregó un presente en reconocimiento a su trayectoria, expresando el orgullo que siente por la historia que su abuela construyó a través de su trabajo.
Para su familia, la jubilación representa el cierre de una etapa en la que el compromiso y las responsabilidades laborales ocuparon buena parte de sus días, pero también significa el comienzo de una nueva oportunidad: la de disfrutar con mayor calma del tiempo, de la familia y de todo aquello que durante años tuvo que dejar en segundo plano.
Conmovida por las muestras de cariño, Guadalupe agradeció a sus compañeras y familiares por acompañarla en un día tan especial y aseguró que, aunque ahora comienza una nueva etapa, continuará visitándolos.
Y así, entre abrazos y aplausos, Guadalupe Rojas Molina dio un paso más en la vida. Dejó atrás los horarios, las responsabilidades y las jornadas de trabajo, pero se llevó consigo algo que no termina con la jubilación: los recuerdos de 40 años de servicio y la satisfacción de haber acompañado a muchas mujeres en momentos importantes de sus vidas.
Hoy se despide de su vida laboral, pero no de la huella que dejó en quienes tuvieron la oportunidad de conocerla.
Porque después de cuatro décadas de servicio, su historia no termina: simplemente comienza un nuevo capítulo.





